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martes, 9 de noviembre de 2010

Serengeti road movie





Abrir un periódico es casi siempre el camino más corto a la desesperanza y la irritación. Leo que el Gobierno de Tanzania quiere construir una carretera que partiría por la mitad el Serengueti.
Hace tres años visité esta gigantesca reserva Patrimonio y cuna de la Humanidad. En ese formidable y temible escenario tuvieron que vérselas nuestros antepasados homínidos. Remoto origen de esta suerte de gánster para la Biosfera en que se ha convertido hoy el ser humano.

La primera imagen que recibí al llegar al Serengueti es imborrable: la de dos hienas avanzando hacia el todoterreno al atardecer bajo una persistente llovizna.

La carretera uniría Arusha, en el interior del país, con Musoma, a orillas del lago Victoria y trincharía, como si de un pavo navideño se tratara, el seguramente espacio natural más importante del planeta. La UNESCO parece haber puesto el grito en el cielo, no sé si en ese inigualable y ahora amenazado cielo africano que ni el cine, ni los documentales televisivos han conseguido acercar al original.

El presidente tanzano justifica la decisión invocando el desarrollo de zonas rurales, pero con ello podría estar matando la gallina de los huevos de oro. Los científicos, especialmente a través de la reputadísima Sociedad Zoológica de Frankfurt, han alertado de las consecuencias dramáticas que tendría para las masivas migraciones de antílopes, especialmente ñus, el wildebeest de los anglosajones, especie clave para el ecosistema de la sabana.

Aguardo ansioso a las conclusiones de los dos estudios de impacto ambiental que se están elaborando y al resultado de los trazados alternativos presentados.
No se puede obviar la terrible pobreza de la nación, un factor que no ayuda en absoluto a persuadir a los partidarios de este fatal desarrollismo que por desgracia todavía padecemos en nuestro país.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Tejera Negra I






La lluvia anunciada para este sábado no nos disuade de visitar el Parque Natural de Tejera Negra, en Guadalajara.
La singularidad de su hayedo reside en su localización, la más meridional de Europa. Se conocen al menos dos fechas, 1860 y 1960, en las que fue talado a matarrasa. Ello explica la juventud de sus hayas (Fagus sylvatica). Sólo en las áreas más profundas del parque pueden hallarse ejemplares centenarios que sobrevivieron al delirio arboricida.

Recorremos la llamada senda de Las Carretas, utilizada en su época para transportar mediante carros el carbón producido en el hayedo. Una carbonera de exposición pretende evocar para el visitante aquel tiempo no demasiado lejano. Es el puente de todos los santos y el gentío que ha acudido a disfrutar de estos maravillosos ocres apenas respeta la recomendación de silencio.

Pizarras y cuarcitas dominan la geología de Tejera Negra. Su descomposición genera un suelo pobre en sustancias nutritivas aunque rico en materia orgánica poco descompuesta. Estos hayedos acidófilos y sureños de la Sierra de Ayllón quedaron acantonados en las zonas más altas y frías para hacer buena esa ley geobotánica “Las especies eurosiberianas compensan el descenso latitudinal con ascensos altitudinales”.

La gayuba (Arctostaphylos uva-ursi) tapiza cunetas, collados y el sotobosque del melojar atribuyéndose a sus raíces la capacidad de fijar nitrógeno. Junto a ella, es frecuente una llamativa crasulácea, Sedum forsterianum.
A propósito del melojo (Quercus pyrenaica) se ha subrayado el papel jugado por los afloramientos cuarcíticos del parque al impedir la propagación de especies que, como el melojo, se multiplican por estolones. Probablemente las hayas, tiránicas con otras especies a las que relegan por su éxito ecológico, no precisaran de semejante ayuda extra.

La gárrula expedición estalla al descubrir un gigantesco tejo (Taxus baccata) confinado en una resbaladiza ladera. Tomo fotos de su fruto, con esa envoltura carnosa de intenso rojo, el arilo, única parte comestible de este venenoso árbol.

El viento frío y una lluvia intermitente nos dificultan tomar fotos desde la pradera de Mata Redonda, un punto excelente desde el que contemplar la espléndida panorámica.

lunes, 25 de octubre de 2010

Cinturita de avispa


Las avispas no tienen buena prensa. Su popularidad no es mucha, la verdad, entre nosotros los humanos. Terror de las piscinas, kamikazes en las comidas campestres muchas suelen terminar sus días bajo un certero zapatillazo. La voracidad que manifiestan ciertas especies de estos himenópteros no ayuda demasiado a cambiar la mentalidad insecticida de la mayor parte de –por no decir toda- la población.

Nos guste o no, la vida evoluciona en este planeta al margen de nuestras categorías, de esa concepción utilitarista que nos permite formular estúpidas inquisiciones como aquella de ¿Para-qué-vale-una-garrapata, o-una-mosca, o-una-avispa?.

Hablando de avispas y de concepciones, en este caso estéticas, he recordado la expresión "cinturita de avispa", sin duda, el enunciado más benévolo que podremos hallar en referencia a estos bichos.

Traemos esto a colación porque hace unos días fotografiamos una avispa rara en Valdemoro. Tan rara que Leopoldo Castro, el mayor experto de nuestro país en estos repudiados animales, advirtió que bien pudiera ser la única foto de Ischnogasteroides picteti en internet.

Esta pequeña avispa presenta lo que los expertos denominan una distribución disyunta, pues sólo se han hallado poblaciones en el Mediterráneo occidental y Asia Central. En medio, nada de nada. Los datos obtenidos hasta la fecha de esta especie respecto de su distribución occidental aludian a Los Monegros, el este de España y el sur de Francia. En cuanto a sus poblaciones orientales éstas se localizan en Turkmenia, Kazakhstán y Mongolia. ¿Cómo explicar tan caprichosa distribución?

Este peculiar reparto ha suscitado hipótesis explicativas francamente interesantes. En el caso de las plantas, existe acuerdo científico a la hora de aceptar el origen pre-Pleistocénico de este fenómeno biogeográfico. Sin embargo, en el caso de animales es más polémico, postulándose dos teorías, bien la de la continuidad de poblaciones relictas o bien la de la recolonización.

El caso es que esta avispa ha tenido a bien habitar este rincón de la Comunidad de Madrid y, lo que parece más importante, dejarse fotografiar siendo tan esquiva. El arroyo de La Cañada, paraje donde se ha confirmado su presencia, reúne condiciones de sobra para disfrutar de protección como microrreserva de flora y fauna invertebrada. El tiempo no hace sino demostrarlo. Su interés científico está fuera de toda duda y de ello debería tomar buena nota más de un político cazurro. Otra cosa es que el apego a la ciencia brille por su ausencia en este jodido país.

Por lo que a mí respecta, si el próximo verano decides visitar mi tupper con pimientos no dudes, "cinturita de avispa", que serás bien recibida.

martes, 19 de octubre de 2010

Berridos cercados




Todavía suenan los berridos de los ciervos en los Montes de Toledo. Recorremos casi a finales de octubre estas sierras y fincas de Las Guadalerzas con nombres tan evocadores como Torneros, Balandrinos, Robledillos, Piruétano o el Madroñal. Reconocer la bravura de estos montes, a poco más de un centenar de km. de Madrid, es tan necesario como denunciar la escandalosa presencia de cercados y vallas cinegéticas. Como muy bien apuntaba el botánico Emilio Castro, ese latifundismo que permitió la conservación de estos montes se está volviendo en su contra. Esta gestión de los montes concebidos como mero espacio para el “monocultivo” de ciervos está derivando en una presión excesiva de estos herbívoros sobre la vegetación, disminuyendo la fitodiversidad de sierras y rañas. La clausura de caminos de uso público, el cierre de vías de titularidad ciudadana es el correlato antidemocrático en este fortín de banqueros, aristócratas y otros todopoderosos truhanes.

Pese a ello disfrutamos de la observación de ciervos, gamos y jabalíes que, a falta de enemigos naturales, drásticamente eliminados de estos montes, caerán abatidos por la bala de los monteros.

Llevo casi 20 años recorriendo estos serrijones de las provincias de Toledo y Ciudad Real y ciertamente es admirable su diversidad natural.

lunes, 4 de octubre de 2010

Wadi Rum





“Nuestra pequeña caravana se sentía intimidada y se fue quedando en silencio, temerosa y avergonzada de hacer ostentación de su pequeñez en presencia de tan majestuosas montañas”. Thomas E. Lawrence Lawrence de Arabia. "Los siete pilares de la sabiduría".

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Siria en el corazón


Luz, desierto, sonrisa, guijarro, alfombra, cielo, bazar, incienso, ruido, mezquita, saludo, seda, calor, gato, vida, café, brisa, callejón, mirada, especias, oración, arena, bálsamo, azúl, beso, agua, roca, caballo, tetera, teatro, Zenobia, sueño, amor.

Despierta hermano: tornamos de Siria.

martes, 24 de agosto de 2010

El patio de mi casa






De no hacer de nuestros patios y macetas una sucursal de la industria química y fitosanitaria podremos disfrutar de un escenario alegre y muy interesante para la observación natural sin salir de casa. Viene esto a cuento porque hoy he cambiado la caminata habitual por la prospección doméstica de bichejos cuya presencia me convierte en orgulloso anfitrión. Para quienes se apresuren a buscarme acomodo en el catálogo “freak” convendrá apuntar que, por fortuna, existe una larga tradición –sobre todo anglosajona- que haciendo buenos los principios de la jardinería ecológica, busca atraer la fauna a parques, setos y demás espacios verdes.

Mi ambición no es tanta. Apenas unas matas de menta, plantadas hace unos años, me deparan un microcosmos bichero que es todo un lujo. El año que viene tal vez recurra a budlejas, leguminosas y otras compuestas de resultados probados para llamar la atención de abejas, dípteros y otros insectos.

Sin embargo el primer inquilino de estas floridas matas es reptil, una espectacular salamanquesa (Tarentola mauritanica) –probablemente la de mayor tamaño que uno ha visto y que domina una de las paredes del patio. Vigila, estática, el panorama, con esa quietud casi mineral tan característica de los reptiles y que, sin embargo, es tan fácil quebrar apenas presentida la amenaza. Muy cerca, mimetizada entre las hierbas, una Mantis religiosa, de más que respetable tamaño, apura las patas de una infortunada mosca. Las dos escenas me recuerdan instantáneamente un maravilloso pasaje de "Mi familia y otros animales", de Gerald Durrell. No creo que ningún naturalista que se precie haya dejado de disfrutar las obras del escritor británico:

“Las mantis que entraban volando en mi habitación solían ser bastante pequeñas. Gerónimo siempre quería pelearse con ellas, pero eran demasiado rápidas para él. Al contrario que los otros insectos, las mantis no hacían caso de la luz: en lugar de darle vueltas y vueltas a lo tonto, se colocaban en algún punto conveniente para devorar con toda tranquilidad a los danzantes cada vez que éstos se paraban a recuperar sus fuerzas. Sus ojos bulbosos debían ser tan agudos como los de la salamanquesa, pues siempre le veían venir y se escapaban apresuradamente mucho antes de tenerle a distancia de combate. La noche de la gran pelea, sin embargo, Gerónimo se encontró con una mantis que, lejos de alzar el vuelo, salió a su encuentro, poniéndole en un verdadero apuro”.

Cerca del reptil, desafiando su presencia, revolotea las mentas una mariposa que ya observé la temporada pasada: el licénido Celastrina argiolus. Muy distinta a la anterior, pero también lepidóptero aparece un inquilino habitual de las higueras y de curioso latinajo: Choreutis nemorana. Su aspecto no pasa desapercibido: menuda, vistosa, fugaz.

Un apartado muy especial lo constituyen unas moscas que los entendidos denominan sírfidos y que libran una auténtica batalla como aliados contra terribles plagas de la agricultura, como los pulgones. Por este motivo, ocupan gran espacio en la búsqueda de soluciones ecológicas en el combate de estas amenazas. Su diseño cromático es muy llamativo. Tanto es así que quienes no están demasiado familiarizados con ellos tienden a confundirlas con avispas o abejas. Descubro dos especies de un diseño precioso como son Myathropa florea y Eristalinus taeniops. Cerca de ellas, sin apenas posarse en las flores, numerosos ejemplares de Syritta pipiens.

La próxima primavera quizá sea un buen momento para atraer fauna a tu patio o jardín y tratar de ver con otros ojos las evoluciones de estos pequeños y siempre interesantes pobladores. Doy fe de que su observación es el mejor videojuego que llevarte a la vista.